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LA TÚNICA BLANCA DE          JESÚS CAUTIVO

 

Según parece, la idea de los cofrades de la Trinidad cuando encargaron en 1938 al escultor José Martín Simón la talla de Jesús Cautivo, era la de venerarlo como un Ecce Homo, lo que implicaba exponerlo sin prendas,         o a lo sumo arropado en una clámide, de ahí que su cuerpo presente un estudio anatómico, prescindible si se hubiese concebido desde un principio para ser revestido.

La entonces comisión de arte que velaba por la calidad de las obras religiosas que se pretendían bendecir expuso varios reparos para aprobar la imagen, aunque todo parece indicar que el inconveniente de mayor peso fue precisamente la desnudez que ostentaba. Estos escrúpulos puritanos obligaron a los cofrades a aceptar que fuera sobrevestida, para lo que se tuvo que recurrir apresuradamente a confeccionar una túnica, que cosió Ana Carrasco Castilla, hermana de uno de los fundadores de la hermandad trinitaria. Para ello se recurrió a unos metros de tela blanca, que en aquella espantosa situación de carestía, era la única que encontraron disponibles en los almacenes que Modesto Escobar poseía en el barrio de Capuchinos.

Lo que fue fruto de la improvisación acabó siendo un poderoso imán para captar la devoción del pueblo malagueño, desde aquella jornada del 19 de marzo de 1939 en que se bendijo el Señor.

CAPILLO Y CORONA DE ESPINAS PARA LA COFRADIA DE LOS GITANOS

 

Los penitentes de esta Hermandad, junto con los de Servitas, son los únicos de toda la Semana Santa que no tienen capirotes. En concreto los nazarenos de los Gitanos llevan unos capillos sujetos con coronas de espinas, que hasta la remodelación última eran de metal, estando las actuales trenzadas en mimbre. Estos elementos, como los encajes que en los ribetes de las túnicas rememoran las antiguas enagüillas interiores, han formado parte inmemorial de la impronta de esta corporación, por lo que se trata de una reliquia de las procesiones de antaño.

Hasta finales del siglo XIX, cuando los adoptó el Rescate y después la Esperanza, no fueron comunes en Málaga los capirotes cónicos tal y como ahora se conocen, luciendo los penitentes capuchas o faraonas, prenda ésta también en relación con el mundo calé. Y es que en el pasado se daba por hecho de que esta etnia, que se extendió por Europa a través de sucesivas migraciones, procedía del país del Nilo, por lo que 'gitano' y 'egipcio' se convirtieron en palabras sinónimas, mientras que el capillo que dejaba la cara descubierta se llamó 'faraona' en recuerdo de los turbantes que usaban los pretéritos moradores de aquellas tierras.

LA PALOMA POSADA SOBRE LA CRUZ DE LA PIEDAD

 

Según se cuenta, contiguo o cercano al taller donde trabajaba el maestro Francisco Palma García, existía un palomar. Cuando éste se encontraba, allá por 1926, en pleno proceso de tallar el grupo de la Piedad para la recién fundada cofradía de este nombre, una de estas avecillas entró en el local y se posó plácidamente sobre la escultura. El intrascendente, y a la vez poético suceso, enterneció tanto al artista, que cuando el misterio procesionó por vez primera en la Semana Santa de 1929, colocó en el travesaño de la cruz desnuda del trono una paloma blanca, según se observa en las fotografías de la época.

Muchas décadas después, ya con la segunda versión del grupo rehecho por Francisco Palma Burgos, la familia de estos artífices regalaron a la hermandad la terracota de una paloma para que no se perdiera tan entrañable recuerdo. La modeló Lourdes Casares, emparentada con la saga de los Palma.

EL MANTO DE LA VIRGEN DE LAS PENAS

 

La actual imagen de María Santísima de las Penas salió por primera vez por las calles malagueñas el Lunes Santo de 1943. Ese año lo hizo sobre un pequeño trono y con un manto de terciopelo prestado por la Cofradía de Mena. Sin embargo, al año siguiente, ante la falta de medios económicos, el jardinero mayor del Ayuntamiento de Málaga de por aquel entonces, Alfonso Cruz Núñez, le hizo un manto de flores como solución transitoria hasta que hubiese recursos. Pero esa anécdota al final ha pasado a convertirse en una tradición. Cada Martes Santo, la Virgen de las Penas luce un manto distinto que lleva entre quince y veinte mil claveles de los que se encargan los jardineros municipales. Pero la Virgen de las Penas cuenta con un manto propio en terciopelo verde. Eso sí, sólo lo lució en las Semanas Santas de 1949 y 1950. Los malagueños pidieron tras esos años que la Virgen volviese a lucir el manto de flores, lo que hace desde entonces pese a contar con un manto propio.

LEYENDA DE ZAMARRILLA

 

Cuentan que en la época de los bandoleros fue especialmente famoso uno al que apodaban “El Zamarilla”. Cometió múltiples fechorías, y tal fue su renombre y la peligrosidad de la banda que capitaneaba, que los alguaciles decidieron formar una partida especial para su captura a cualquier precio. Tras varias escaramuzas, lograron darles caza y captura, pero “El Zamarrilla”, rápido y escurridizo como nadie gracias a su conocimiento del terreno, escapó, eso sí, perseguido de cerca por una patrulla. Al cabo de muchas leguas a galope tendido, y con los alguaciles pisándole los talones, el bandolero llegó hasta una ermita buscando un escondite que evitase su apresamiento. Y he aquí que el único sitio que encontró fue bajo el manto de una Dolorosa que allí se veneraba . Entraron sus perseguidores y a pesar de que registraron la pequeña ermita de arriba a abajo no descubrieron a ” El Zamarrilla”, cobijado en tan singular escondite. Desesperados y furiosos prosiguieron su batida por otra zona. Tiempo después, y sintiéndose seguro el bandolero, abandonó su refugio, y dando gracias improvisadamente a tan proverbial Salvadora, arrancó una rosa blanca que se criaba en el camino de la ermita y la prendió en el pecho de la Imagen, utilizando como alfiler su propio puñal. En ese instante la rosa se tiñó de rojo. Aterrorizado, el bandido se arrodilló ante los pies de la Virgen y le imploró su perdón por su impía vida. Desde entonces, “El Zamarrilla” se convirtió en un ermitaño que bajaba a visitar en algunas ocasiones a su amada Virgen. En una de aquellas ocasiones, ya anciano, unos bandoleros le asaltaron, pretendiendo robarle lo poco que tenía. A pesar de su edad “El Zamarrilla” conservaba parte del vigor de su juventud y opuso resistencia, por lo que los asaltantes le hirieron de muerte, dándose a la fuga. Como pudo, llegó hasta la puerta de la ermita, portando en sus manos como ofrenda una rosa roja, como siempre hacía. Antes de morir alzó su mirada hacia su Virgen y vio como la rosa que en sus manos llevaba se desteñía hasta volverse blanca: Ella lo había perdonado. Hoy día la Virgen de la Amargura sigue habitando en la ermita que lleva el nombre de Zamarrilla, sigue luciendo sobre su pecho la rosa roja y el puñal, y tan sólo el Viernes Santo, luce una rosa blanca, perdonándonos a todos los hombres por la muerte de su Hijo.

LA NAO VICTORIA TIENE SU NOMBRE GRACIAS A SANTA MARIA DE LA VICTORIA

 

Ayer conversando con mi amigo Juan de la Hdad. De la Salud, me recordó algo que en su día me habían contado pero que lo guardas en el armario de la memoria y luego no sueles contar.
Cuando Magallanes jura servir al Rey Carlos I lo hace en la Iglesia conventual de Santa María de la Victoria del barrio de Triana en Sevilla, delante de la imagen de Santa María de la Victoria. Esta advocación llega a la Capital Hispalense gracias a los frailes de la orden de los mínimos, una orden que se funda por San Francisco de Paula en Italia en el siglo XV su nombre viene por su vocación de humildad considerándose así mismo como los más pequeños de todos los religiosos.

Esta orden difundió el culto a Santa María de la Victoria a raíz de la toma de Málaga por los Reyes Católicos que hoy precisamente día 19 de agosto celebramos en nuestra ciudad, desde ese día la Virgen que venía en la campaña de la reconquista y que fuera un regalo de Maximiliano I de Habsburgo, consuegro de los Reyes Católicos, pasó a ser patrona de Málaga y de la orden.

Dicen las crónicas que corría el mes de mayo de 1487 cuando las huestes cristianas llegan a las puertas de Málaga, lo que se presumía una toma rápida se enquistó durante todo el verano y después de cuatro meses de sangrienta batalla y grandes bajas, hacían ya dudar al monarca de que pudiera tener buen fin para los intereses cristianos.
Cuenta la leyenda que en ese trance dubitativo, el Rey tuvo un sueño en el cual aparecía la Virgen con el niño sobre su pierna y una palma de la Victoria en la mano, animando al Rey seguir en su empeño de hacer cristiana Málaga, hecho que se le anuncia al Rey con la llegada de dos frailes. Se cuenta también que el mismísimo San Francisco de Paula de su puño y letra, manda una carta conocedor de la intención de Fernando de abandonar el cerco de Málaga, enviándola ésta por mediación de dos frailes en el que le anuncia que tuviese fe que a los tres días de recibir dicha carta, caería Málaga.

Efectivamente Málaga a los tres días cae y la Virgen que iba en la campaña militar regalo de su consuegro Maximiliano I la dona Fernando a los monjes Mínimos y ordena construir una ermita donde se asentaron los Cristianos para su campaña, hoy en día en el monte donde se sitúa el Sanitario de Santa María de la Victoria, siendo esa su advocación y quedando  como patrona de la orden y patrona de Málaga.

Una vez asentada esta orden se empieza a extender por toda la geografía española y evidentemente en la ciudad de Sevilla, donde los mínimos construyen un convento en el popular barrio de Triana presidido con una talla de Santa María de la Victoria emulando a la Patrona.
Y ahí es donde encontramos la relación ya que como comenté al principio en el año del Señor de 1519 el gran navegante Portugués juró servir a Carlos I y esa nave, llevaría el nombre de Victoria por Santa María de la Victoria patrona de la orden de los mínimos y de la muy noble ciudad de Málaga y su diócesis.


Iesvs

 

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